En búsqueda del Hermano No. Uno (Traducción)


Por Dale Keiger

Traducción: Albeiro Rodas

Publicación del Johns Hopkins Magazine, noviembre de 1997.


Pol Pot

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“He aquí el hombre al que le he seguido la huella por años. En realidad, David te dirá que cuando voltié y dije ‘ese es Pol Pot’, no lucía como la imagen que tenía siempre de él en mi mente”

EL PASADO JUNIO, EL PERIODISTA NATE THAYER MIRABA a la pantalla de su ordenador en Washington, D.C. y adivinó que era el tiempo apropiado para buscar una entrevista con Pol Pot. Admitiendo, claro, que había pensado lo mismo cientos de veces antes, pero no había encontrado la manera de llegar al elusivo antiguo dictador de Camboya. Su única consolación era que, desde 1978, ninguna otra persona lo había logrado.


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Pero ahora tenía la sensación

Pero ahora tenía una sensación. Revizó una lista electrónica de noticias que circulaba reportes acerca de Camboya en el Internet. Cada día, cuando iba a trabajar a la Escuela Nitze para Estudios Internacionales Avanzados (Nitze School for Advanced International Studies – SAIS) de Hopkins, se conectaba al Internet y revizaba la lista de Camboya. Pero esta mañana de verano, Radio Jemeres Rojos reportó tormentas en las altas esferas del partido. El ministro de defensa, Son Sen, había sido arrestado como traidor y después ejecutado. Algo grande estaba en camino y Thayer olfateaba una oportunidad.

Durante la mayor parte de los últimos 13 años estudió, vivió y reportó acerca de Camboya para la Associated Press, el Washington Post, el Phnom Penh Post y el Far Eastern Economic Review. Cuando los jemeres rojos derrocaron al gobierno camboyano en 1975, Pol Pot, conocido dentro del partido como Hermano No. Uno, lideró el país en lo que se conoce como autogenocidio. Los jemeres rojos terminaron con sus propios citadinos vaciando las ciudades, forzando a la entera población en el trabajo esclavo como parte de un esquema económico radical que significaba crear una utopía agraria y asesinaron a todo aquel que se puso en dicho camino. Antes de la invasión vietnamita a Camboya en la Navidad de 1978 en la que los jemeres rojos fueron enviados a las junglas a principios de 1979, cientos de miles de personas murieron por tortura, hambre o balas de ejecusión. Nadie sabe cuántos perecieron. Estimados se amplian de uno a dos millones. Comparado con la población estadounidense si esta fuera la que hubiese muerto así, los números llegarían de 35 a 70 millones de personas desaparecidas en menos de cuatro años.

Ningún occidental vio a Pol Pot desde el día antes de que Vietnam invadiera en 1978. Él era, en palabras de Thayer “la última gran entrevista del planeta” y Thayer la quería para él. El reportero de 37 años se paró a las afueras de SAIS, que tiende a ser un lugar sobrio y serio, poblado por abotonados extranjeros expertos en política y estudiantes que quieren ser el próximo Zbigniew Brzezinski, no el próximo Hunter S. Thompson. Thayer rapó su cabeza. Prefería camisetas a chaqueta y corbata. Apretó el tabaco entre sus labios y no se preocupó ser tomado por un atrevido y sufrido corresponsal extranjero. Había dejado a Camboya por un año para ser un visitante en el Instituto de Política Exterior de la SAIS para completar un libro sobre los jemeres rojos.

Emocionado por lo que había leido en el Internet, llamó a la Review y solicitó presupuesto aereo a Phnom Penh. La revista, un semanario basado en Hong Kong que informa sobre las políticas y economías del este asiático, no compartió su convicción de que este era el momento en el cual Pol Pot se evidenciaría y no lo apoyó. Entonces prestó dinero para el tiquete aéreo y partió para Camboya de todos modos. Seis semanas después salió de la jungla con su amigo, el camarógrafo David McKaige y las noticias, ciertamente obtenidas por él de Pol Pot. Los jemeres rojos introdujeron a los dos hombres en uno de sus enclaves cerca de la frontera con Tailandia para testimoniar la coreografiada denuncia pública del antiguo dictador. Thayer obtuvo la historia y por unas pocas semanas del pasado verano fue el más famoso periodista en el mundo.

Cuando la chiva salió de que un desconocido periodista occidental había encontrado a Pol Pot, La Nighline de ABC llamó a Elizabeth Becker, ahora asistente editor en Washington para el New York Times. Becker fue una de los dos últimos reporteros que vieron al dictador en 1978. Ella recordó: “Dijeron que no sabían quién había obtenido la historia. Yo dije ‘yo sé quién la obtuvo’. Tiene que ser Nate Thayer”.

Unas pocas semanas después de publicar

UNAS POCAS SEMANAS DESPUÉS DE PUBLICAR su cucharada, Thayer está cansado. Está al teléfono desde un hotel en Bangkok en donde los mensajes se han apilado. Mucha gente quiere al hombre que encontró al Hermano No. Uno y Thayer se ve tanto aturdido como satisfecho por la atención. Mantiene ello en alto cuando un reportero obtiene ponerse en contacto con él. “He obtenido 600 llamadas hoy” dijo a su amigo Andrew Drummond de The Times de Lóndres. “He tenido más de dos mil llamadas en las últimas 72 horas” dijo a Indira A. R. Lakshmanan de la Boston Globe. Cuando Hopkins Magazine lo pudo contactar en su celular apuntó: “he tenido más de 5 mil llamadas telefónicas en el periodo de 72 horas”.

Algunos de los que llamaban ofrecieron dinero, aparentemente demasiado, por su historia. Informes acerca de cuánto Thayer pudo haber ganado por su aventura han variado tanto como números que salen de Camboya. Thayer dice que vendió los primeros derechos a la Review por su precio fijo (US$ 2.000 a 3.000); ventas posteriores han alcanzado más de US$ 400.000, que debió compartir con sus agentes, abogados y McKaige. Dice: “Esta historia no tenía nada que ver con dinero o la hubiera vendido al más caro oferente desde el principio. Queriamos hacer la historia con integridad. Es por esto que escogí publicarla en Review y no en Nighline“.

Ciertamente la Review publicó cinco historias de Thayer y sus fotos de un aturdido Pol Pot en la portada. La pieza clave fue el recuento de una denuncia pública de un yo-Nate-Thayer-estuve-allí: “Después de una serie de furtivos rendicuentos, usando mensajes codificados en el teléfono celular, me deslicé dentro de una de las junglas más impenetrables, maláricas y sembrada de minas del mundo: la Camboya controlada por los jemeres rojos.

Usted no tiene que ir lejos para encontrar opiniones acerca de Thayer. Steven Solarz, antiguo congresista y recientemente enviado de los EEUU a Camboya dijo: “He estado involucrado con los temas de Camboya por más de 20 años y él está hombro a hombro con cualquier reportero de este país”. Karl Jackson, ahora director de los Estudios del Sudeste asiático en SAIS fue miembro del Consejo Nacional de Seguridad en 1990 desde donde siguió el trabajo de Thayer, dijo que había encontrado este más útil que los reportes de las agencias de inteligencia. Alan Dawson, un editor del Bangkok Post y antiguo gerente de las oficinas de la UPI en Saigón, dijo: “En mi opinión, la que es compartida por muchos de mis colegas, Nate es simplemente el mejor reportero que ha venido a la escena Indochina desde la caida de Saigón [en 1975]”.

Pero otros periodistas y observadores camboyanos, muchos de ellos parecen atraidos por Thayer, dicen que no es lo suficientemente escéptico, que es demasiado cercano a los jemeres rojos y a veces suena — si es lo que quiere decir o no — como un vocero de la organización. Naranhkiri Tith, un expatriado camboyano y profesor adjunto en SAIS dice: “Nate tiende a perderse en detalles y pierde el punto de vista analítico de la gran imagen. Mira en los árboles pero no ve la selva”. Un periodista que ha reportado extensamente desde Camboya (y que pidió conservar el anonimato–muchos de los críticos de Thayer fueron reluctantes a ser mencionados) dijo: “Él continua a ser demasiado blando con los jemeres rojos. Pienso que falta su sentido de análisis. Es horrible. Él puede ver cosas en frente de su cara, que no todos los reporteros pueden por mucho tiempo–ve una historia–pero alguno podría decirle amablemente ‘escucha, eres un buen reportero, pero una vez que empiezas a analizar…’ No puedo creer que la Review haya publicado toda esa cosa. Pero es todo lo que usted hace por precios”.

Amigos y críticos están de acuerdo en una cosa: ninguno ha sido tan persistente en cubrir Camboya como Thayer. Dice Becker del New York Times: “Si alguno mereció en testimoniar la denuncia de Pol Pot, fue él, porque puso mucho de su vida en todo esto”.

Thayer viene de una prominente familia de Nueva Inglaterra

THAYER VIENE DE UNA PROMINENTE FAMILIA DE NUEVA INGLATERRA. La Universidad de Harvard ha tenido una sala Thayer; Webster Thayer, un juez superior de Massachusetts en la década de los 20, presidió el juicio de los infames asesinos anarquistas Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti; el padre de Nate, Harold, fue embajador en Singapur. El joven Thayer comenzó a merodear la frontera tailandesa-camboyana a mediados de los 80, primero en un proyecto académico en búsqueda del grupo musulmán Cham. Entonces se dejó fascinar por las variadas facciones rebeldes en la frontera de Camboya por lo cual decidió quedarse en Tailandia y comenzar a vivir de trabajos de periodismo independiente.

Se estableció en el pueblo fronterizo tailandés de Aranyaprathet y comenzó a merodear por ambos lados de la frontera estableciendo contactos con las facciones políticas que se oponían al gobierno instalado por Vietnam. Ese merodear fue una empresa peligrosa. Las guerrillas enfrentadas que controlaban varias partes de la jungla eran impredecibles. El terreno estaba sembrado de minas antipersonales. Mary Kay Magistad, ahora corresponsal en China para la Radio Pública Nacional (RPN) pero anteriormente un enlace cubriendo Camboya, recuerda a un oficial de las Naciones Unidas diciendo: “Me la pasé diciéndole a Nate que debería levantarse cada mañana y besar sus pies, porque a ese paso iba a despertar uno de estos días y descubrir que ya no estaban”.

El oficial estaba cercano a lo profético. En octubre de 1989, Thayer, Magistad y un fotógrafo australiano, Philip Blenkinsop, planearon una incursión dentro de Camboya con un grupo subersivo conocido como KPNLF. Dijo Magistad: “Teniamos que ser autorizados por las fuerzas especiales tailandesas que controlaban la frontera. Porque conocían a Nate, le dieron permiso para este primer viaje y nos dijeron a Philip y a mí que podiamos ir después. Un par de días después supimos que Nate había salido en peores vestidos. Iba en un camión, sentado al frente entre dos guerrilleros de la KPNLF. El camión golpeó una mina anti-tanques. Los dos jóvenes a ambos lados de Nate murieron instantáneamente. Los que estaban detrás algunos murieron lanzados por tierra y algunos heridos. Milagrosamente Nate pudo alejarse del lugar con shrapnel en sus pies y lo que él creía era una fractura del tobillo. Además del trauma de estar en semejante accidente, Nate salió con una gran historia y un nuevo caché, ciertamente dentro de las guerrillas”.

Thayer utilizó su malicia en su nuevo modo de elaborar para desarrollar contactos que otros periodistas no hacían. Empezó a aventurarse más allá dentro de territorios peligrosos. En julio de 1990 fue el primer reportero en acompañar a las guerrillas bien adentro de Camboya confirmando en sus despachos a la AP que las tropas rebeldes estaban operando no solo a lo largo de la frontera tailandesa sino bien adentro del país. Viajó a lo largo de la vieja línea férrea a Ho Chi Minh en 1992 y encontró un ejército secreto de tribus de montaña que permanecían leales a sus antiguos comandantes estadounidenses. Pocos años después montó, en elefantes, una expedición para encontrar un raro bovino conocido como el kouprey. La cosa no funcionó, pero dio erudicción a Thayer que se ríe cuando recuenta la historia.

Leah Melnick es en la actualidad una observadora de derechos humanos en Sarajevo, Bosnia. Pero a principios de los 90 fue una reportera gráfica cubriendo Camboya y ella recuerda un viaje con Thayer que fue tanto burlesco como temerario. Un cese al fuego había detenido las luchas entre el gobierno vietnamizado y los grupos rebeldes (que incluía a los jemeres rojos y a otras facciones). Thayer y Melnick fueron los primeros periodistas en cruzar la línea de batalla del gobierno al lado rebelde. Thayer tenía malaria en ese tiempo, débil y con fiebre y como Melnick recuerda “tirando grandes cajas de tabaco fuera de la ventana las cuales de algún modo lograban volar de regreso dentro del coche. Su equipaje consistía en una bolsa plástica con tres latas de queso Camembert, una tohalla y una esta-camiseta-para un viaje que podría ser un mes. Salimos de Phnom Penh en un jeep ruso que tenía la propensión única de perder grandes piezas de su maquinaria cada que golpeaba algo. Para entonces, cuando ibamos a cruzar un área controlada por la resistencia, la ruidosa llanta literalmente se safó de su puesto”.

Ella continúa: “Las cosas eran espeluznantes cuando cruzamos la línea. Los soldados del gobierno eran del tipo de niños de 12 años con bien largas armas automáticas y frías miradas. Parecía que supieran que ibamos a cruzar y cuando nos detuvieron hubo un extraño movimiento. Fuimos adelante hacia el otro flanco en donde el líder de la resistencia nos encontró. Se veía muy preocupado. Dijo: ‘No puedo creer que lo habeis hecho. Recibimos información por monitoreo de radio que [las tropas gubernamentales] os iban a emboscar y a asesinaros'”. Thayer y Melnick escucharon el mismo reporte de preocupados oficiales de las Naciones Unidas y concluyeron que ellos tenían una muy estrecha vía de escape. Algunos de los reportes de Thayer habían enojado al gobierno y, aparentemente, era la oportunidad de deshacerse de la peste del país.

Thayer cultivó una personalidad que Magistad caracteriza como “escabroso y salvaje corazón gris de periodista”. Él comenzó a contribuir con aportes para el Soldado de Fortuna, un magazín mensual que se especializaba en armamento, operaciones militares y aventuras en zonas de combate en el mundo. Adquirió una reputación como un compañero duro. Cuando los acuerdos de paz se firmaron en 1991 cesando temporalmente la guerra de guerrillas, Thayer se transladó a la capital de Camboya en donde figuró prominentemente en una bacanal, de acuerdo a Drummond del London Times, presentó un modelo que aplastó numerosos jefes por dos días y causó que Drummond bajara tres escaños en las oficinas del Phnom Penh Post.

En algunas ocasiones Thayer pone simultáneamente su imagen arriba y abajo. Al teléfono desde Bangkok dice: “He tomado muchos, muchísimos riesgos en informar guerras en Asia por años. He sido expulsado de Camboya muchas veces. He tenido innumerables amenazas de muerte. He sido herido en batallas. He estado literalmente en mi cama de muerte por malaria y otras enfermedades. Cuando pones eso de tal manera suena terrible, pero esto viene con el territorio. Puedes dramatizar estos temas. Por suepuesto, es riesgoso, pero francamente no es un gran problema”.

Philip Gourevitch, un escritor de planta del New Yorker, conoce a Thayer desde Camboya. “Hay estos dos lados de Nate”, dice. “Está el Nate de carácter vaquero, un poco fantasioso, gran cuentero, en el cual no estás muy seguro de creer, pero mucho de todo esto tiende a ser verdadero y las exageraciones parecen ser menores. Y está el Nate del duro periodismo de investigación que se toma bien en serio sus esfuerzos de ser un escritor de exposición. Los dos están absolutamente en balance. Una de las cosas más importantes que Nate hace, la razón por la cual él es bueno, es que ha cubierto Camboya no sólo para el mundo exterior sino también para el Phnom Penh Post. Él mira esto desde el punto de vista de la gente a quien va realmente dirigida la noticia, más que para el estrecho e interesado punto de vista occidental al cual va la mayor parte del cubrimiento”.

Thayer siempre quiso entrevistar a Pol Pot

THAYER SIEMPRE QUISO ENTREVISTAR A Pol Pot, quien quizá no haya sido el peor tirano de un siglo que conoció a Hitler y a Stalin, pero sí el más oscuro. Por muchos años nadie estaba seguro de su nombre verdadero (que pronto se conoció como Saloth Sar). En la actualidad la prensa no se pone todavía de acuerdo en su edad, varios registran 69, 71 y 72. Después de que Becker (y Richard Dudman del St. Louis Post-Dispatch) lo entrevistaron en 1978, desapareció de la vista.

El pasado julio, Thayer obtuvo dinero para el viaje y voló a Camboya para perseguir su última oportunidad. Mientras estaba allí, las fuerzas controladas por Hun Sen — un antiguo oficial jemer rojo que 20 años antes había desertado hacia los vietnamitas, sido instalado por ellos para gobernar el país en 1979 y perdido las elecciones supervizadas por las NU en 1993 — obtuvieron el poder en un sangriento golpe de estado. Thayer cubrió el golpe de estado por cinco días antes de huir del país en un vuelo de evacuación. Fue a Bangkok en donde recomenzó sus trabajos para obtener acceso a Pol Pot.

Lo que sigue es oscuro porque la única persona que puede contar la historia es Theyer y él no quiere revelar mucho. Dice: “No puedo ir en detalles específicos, pero puedo decir esto: involucró una muy complicada y sofisticada red clandestina de operativos de bajo control de los jemeres rojos quienes recibieron la orden de sus líderes de infiltrarme [y su amigo McKaige] en los cuarteles de los jemeres rojos en Anlong Veng. Esto involucró su tradicional técnica de palabras codificadas y mensajes telefónicos y gente con lentes oscuras y ropa de civil que te recogían y nunca hablaban y que te dejaban en habitaciones de hotel y entonces otra gente que no supe de dónde venía tocaban a tu puerta y me llevaron a otro lugar. Esto tenía que ver con pasar la frontera ilegalmente”.

Cuando Thayer y McKaige llegaron a Anlong Veng, no tenían idea que iban a testimoniar. “Tenía la esperanza de reunirme con Pol Pot”, dijo Thayer. “Ciertamente no sabiamos que ibamos a ver un tribunal popular. Todo de manera sorpresiva ahí estaba Pol Pot, sin anuncios, sin avisos, en lo que probablemente era un juicio, un pseudo-juicio de uno de los más famosos asesinos masivos del mundo”.

El video de McKaige y las fotos tomadas por Thayer que aparecieron el pasado mes de agosto en la Far Eastern Economic Review, mostraban a un depresivo, abatido anciano sentado en una silla de madera. Thayer dijo que inmediatamente se dio cuenta que aquella figura era la de Pol Pot: “He aquí el hombre al que le he seguido la huella por años. En realidad, David te dirá que cuando voltié y dije ‘ese es Pol Pot’, no lucía como la imagen que tenía siempre de él en mi mente.

La mayoría de los reporteros de prensa han llamado el proceso un juicio-espectáculo, lo que molesta a Thayer. Aunque en una de sus propias historias en Review empleó esa misma expresión, dice: “Este no fue un juicio en el sentido en que lo entendemos. No fue un juicio-espectáculo el cual tiene una definición en el comunismo asiático. Fue un clásico tribunal popular que es una reunión masiva para denunciar y humillar políticamente al enemigo. Es un proceso muy específico para gente entrenada en este tipo de cultura política”. Una audiencia de cientos de camboyanos cantaban y chocaban sus puños a medida que una serie de oradores denunciaban a Pol Pot. El proceso duró dos horas durante las cuales el antiguo dictador nunca habló.

Después, cuando los soldados jemeres rojos condujeron a Pol Pot a un coche que lo esperaba (el tribunal lo “sentenció” a arresto domiciliario de por vida), Thayer intentó hacerle unas pocas preguntas, pero no obtuvo ninguna respuesta. El dictador que parecía dificultado para caminar, mucho más para hablar. Thayer encontró a Pol Pot al fin, pero aún no tenía la entrevista. Probablemente no la tendría.

Thayer supo que los jemeres rojos

THAYER SUPO QUE LOS JEMERES ROJOS habían preparado este espectáculo para él y para McKaige: “Fue preparado específicamente para nosotros, para dar al mensaje al mundo que Pol Pot había sido denunciado. Ellos habían informado en su radio, el 19 de junio, que Pol Pot había sido castigado. Nadie les creyó. Después de cinco años mintiendo en su radio, no había razón para que alguno creyera lo que decían. Era claro para ellos que necesitaban un testigo creible e independiente para mostrar que había pasado”.

Pero en cuanto el tribunal terminó, él y McKaige decidieron que era mejor salir de la zona con el material que tenían. “Es normal que las cosas salgan mal en Camboya”, dijo Thayer. “No estabamos seguros de que el 100 por ciento [del área] estaba bajo control de los jemeres rojos. No estábamos seguros que los leales a Pol Pot no tratarían de obtener la película y asesinarnos. Sabiamos que lo que teniamos era un monumento histórico, por no decir periodístico, importante y que debiamos hacer lo que fuera por darlo a conocer al mundo. Fue frustrante porque significaba que no podiamos hablar más con los líderes máximos que era lo que más queriamos hacer”.

Thayer regresó a Bangkok desde donde llamó a su editor en la Review y le dijo: “Lo hicimos”. Para el 25 de julio la chiva ya era conocida de que Thayer y McKaige tenían una historia extraordinaria. Algunos de los videos de McKaige aparecieron en la televisión ABC el 28 de julio y la Review publicó la historia de Thayer el 7 de agosto.

Él apareció en Nightline poco después él y McKaige lanzaron el video. Para él relatar lo que vio fue una experiencia emocionante. Dijo: “Recordad, he vivido en Camboya. Muchos de mis amigos vieron destruidas sus vidas por Pol Pot. Por lo tanto, fue un momento profundamente emocionante. Aquí estaba el hombre que había destruido la vida de millones de personas, incluida muchas de las personas que yo conocí. Para ellos, lo sé, lo que estaba testimoniando era una oportunidad para cerrar. Lloré en muchas ocasiones por cada uno de los que conocí. No es diferente de si Hitler hubiera escapado de su búnker y hubiese estado viviendo en Suramerica y fuese capturado 20 años después, lo que hubiera significado para los judíos. Aunque esto fue un tribunal popular, Pol Pot fue denunciado y no fue más un líder político. Para los camboyanos esto fue una cosa muy personal ver el video y escuchar esta historia. Al menos fue condenado en alguna parte, en algún sitio, en algún tiempo”.

En la edición del 18 de agosto del New Yorker

EL LA EDICIÓN DEL 18 DE AGOSTO DEL NEW YORKER, Philip Gourevitch citó a Thayer cuando dijo de Pol Pot: “Ha sido una cosa trágica ver a cualquier ser humano llegar a eso, sin importar lo que hubiese hecho a otros”. La simpatía de Thayer obtuvo la atención de una opinión escrita en el Worcester, Massachusetts, Telegram & Gazette, que escribió: “El periodista Nate Thayer… en realidad vino mostrando simpatía por el moustruo que convirtió a Camboya en un gran campo de muerte en los 70. Diga lo que quiera acerca del jemer rojo sin ley, ellos siempre logran tomar el estupido lado occidental de su charada selvática”.

Otros críticos de las historias de Thayer no utilizan la palabra “estupido”, pero puntualizan que muchos de sus trabajos parecen la acrítica diseminación de la línea oficial de los jemeres rojos.

Ellos se preguntan, por ejemplo ¿de dónde sacaron los voceros de los jemeres rojos que promoviendo la idea que purgando a Pol Pot iban a renunciar a su pasado sangriento? En su artículo de Review Thayer escribió: “La caida de Pol Pot subraya el punto que el movimiento de los jemeres rojos que rigió a Camboya en los 70 no existe más”. Magistad del NPR comenta: “Es ciertamente lo que los jemeres rojos quisieran que la gente pensara, porque es la mejor carta que pueden jugar para tratar de terminar su estatus de parias y trabajar de nuevo para ganar una posición en el poder. Pero Ta Mok, Khieu Samphan y Noun Chea todavía continúan a tener altas posiciones en el grupo – y todos jugaron un papel central en la formación y ejecusión de las políticas que asesinaron a más de dos millones de camboyanos. ¿Cómo, entonces, es que de pronto es este otro movimiento?

Refiriéndose a este cuestionamiento, Thayer suena como si estuviera solo haciendo una distinción semántica en Review. Él dice: “Aquellos que sabemos son responsables [por el genocidio] están tan redistribuidos virtualmente entre cada sector de los legales y principales partidos políticos en Camboya que el término “jemer rojo” ya significa nada. ¿Qué pasó a aquellos que son culpables por el reino del terror? La pregunta es que ellos regresaron, pero regresaron redistribuidos en los partidos políticos de oposición”.

Un estudioso camboyano, que pidió anonimato, es crítico de los informes de Thayer de su entrevista con Im Nguon (un general jemer rojo) que termina con estas palabras de Nguon: “Nuestro movimiento es puro y limpio. Espero que la comunidad internacional nos ayude”. Comenta el estudioso: “¿Puro y limpio? ni siquiera en lo más mínimo. Thayer sabe eso, pero alude a ese conocimiento solo de la manera más novedosamente oblicua. Esto levanta sospechas de que está sacrificando su honestidad y claridad en su reportaje a cambio de continuar teniendo acceso a sus fuentes con los jemeres rojos”.

Pero en su historia de Review, Thayer escribió que Im Nguon “libremente supo que viejos líderes como el general Ta Mok y Nuon Chea, quienes eran miembros claves de las muertes entre 1975 y 1978 del régimen de los jemeres rojos, todavía tienen que decir en ‘todos los temas importantes’. También escribió que “jóvenes camaradas” hablan de una bien profunda ‘democracia’ en contra del telón de fondo de un juicio-espectáculo del estilo de la Revolución Cultural”.

Leah Melnick, la fotógrafa que trabajó con Thayer en Camboya, se dirige a los críticos que lanzan indirectas de que Thayer ha estado demasiado cerca de los jemeres rojos: “Esa es la típica postura purista que tiende a adoptar la gente que no ha vivido en zonas de guerra. Nate hizo lo que un buen periodista hace — obtener su historia de primera mano, lo que significa hablar con la gente y viajar a donde ellos viven. Cuando usted cubre una guerra, usted tiene que hacerlo desde la espalda de alguno de las líneas de frente, lo que significa que usted tiene que aceptar su protección. Es así como esto funciona. Cualquiera que te diga que es diferente está completamente errado. Yo pienso que la perspectiva de Nate acerca de los jemeres rojos y lo que esa organización es ahora es increiblemente única y privilegiada y muy importante. Él es una de las pocas personas que entendió esa organización”.

Naranhkiri Tith de SAIS, quien fue brevemente miembro del elegido gobierno camboyano, dice: “Estoy de acuerdo de que el movimiento de los jemeres rojos está muriendo desde los acuerdos de París. No cuestiono eso. Pero el asunto aquí es que los remanentes de los jemeres rojos siguen por ahí. Nate no es blando con los jemeres rojos, sino que es romántico. Cuando se es romántico acerca de una cosa, usted borra la imagen. Él ha tomado con ellos, al borde de fabricar un sueño en lugar de realidad. Él no ha llegado al meollo de cuan malos son ellos y cómo continuan a serlo”.

Más allá de los debates acerca de sus historias

MÁS ALLÁ DE LOS DEBATES ACERCA DE SUS HISTORIAS y su credibilidad, Thayer tiene un nuevo trabajo como enviado especial en Asia para el Review. Espera terminar pronto su libro acerca de los jemeres rojos. Tiene en este momento toda la atención de todos y su trabajo estará todavía bajo un más riguroso escrutinio. Dice: “No estoy seguro cuales noticias usted ha leido, pero he leido algunas que me han enviado por fax. He aprendido más acerca de mí de lo que sabía. No más de lo que esto precisa”.

Si los reporteros son buenos, ellos lo prueban a siempre. Incluso ganan importancia y precisión con historias inesperadas o no. Dice Philip Gourevitch: “Nate es el mejor periodista en Camboya. Cada quien allá espera por la siguiente Far Eastern Economic Review ‘ para saber qué pasa. Ninguno se pierde la historia”.

Dale Keiger es un escritor de planta del magazín.

Wikipedia

En inglés

Referencia


Gracias a la John Hopkins Magazine por autorizar la traducción de este artículo para Wikidestacados. Este

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3 pensamientos en “En búsqueda del Hermano No. Uno (Traducción)

  1. Pingback: Nuon Chea y Khieu Samphan reciben máxima sentencia | Camboya en español

  2. Pingback: Automobile

  3. soy el esposo de clara fui integrante de las naciones unidas cambolla 1992 1993 soy victor beron batallon uruguay mi funcion como policia militar mi imprecion fue ver esa gente destrosada por la guerra y esos recuerdos marabillosos que me traje de mis compañeros por ejemplo los tailandeces indonecia malasia viet nam me gustaria ser integrante nuevamente en alguna otra parte con la onu un fuerte abrazo a mis camaradas que conosi nunca los olvidare hasta pronto estare esperando que me contesten victor de uruguay

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