Duch se enfrenta al Tribunal por primera vez


Phnom Penh — CamEs — Foto de  DC-Cam. Estuvo en una prisión militar sin juicio por espacio de 8 años, 6 meses y 10 días y sólo fue arrestado oficialmente por la Corte el pasado mes de junio bajo cargos de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. Su nombre es Kaing Guek Eav, pero es internacionalmente conocido como “Duch”. Su papel en el regimen de los jemeres rojos entre 1975 y 1979 fue de una gran responsabilidad: descubrir al “enemigo oculto dentro del Partido”, como solía decir Pol Pot. Para descubrir ese enemigo ocultó interrogó, torturó y ejecutó 14 mil prisioneros durante ese espacio de tiempo en Tuol Slang, conocido dentro de la organización como S-21, es decir, “S” de “seguridad” y “21” porque siendo el principal centro, había muchos otros.

Duch se enfrentó hoy a su primera sesión ante el tribunal y apeló al hecho de que fue retenido tantos años sin un juicio legal. Sólo fue retenido desde que lo encontró un periodista en Battambang en 1999. Era maestro de escuela, como lo era antes de enrolarse en los jemeres rojos que combatían a los Estados Unidos y al dictador Lon Nol (1970 – 1975). Dice que Cristo le cambió la vida y que se siente arrepentido desde que se convirtió al protestantismo y por eso prometió decir todo lo que sabe.

La primera audiencie pública del Tribunal de Camboya fue asistido por 500 víctimas del regimen, diplomáticos, periodistas y algunas personas escogidas por suerte que pidieron entrar a ver al célebre Duch, el hombre que lideró el centro de torturas en donde se decía que se entraba, pero no se salía, como un infierno de Dante. Duch era un hombre amante del arte y eso le valió la vida a Van Nat, uno de los únicos 7 sobrevivientes de S-21 y quien es pintor. Hoy en día el anciano pintor, además de ser un gran trabajador por la paz y la justicia en su país, pinta las escalofriantes escenas de las torturas ordenadas por Duch: niños estrellados contra un árbol, hombres atados con cadenas, máquinas de tortura impensables que hoy se exhiben en el Museo del Genocidio Tuol Slang.

En otra sala de la Cámara Extraordinaria de la Corte de Camboya una gran concurrencia seguía el desenvolvimiento de la audiencia. Duch se veía calmado y cuando habló lo hizo a baja voz, al punto que uno de los jueces le pidió que subiera el tono. Se destacó como un hombre culto, siempre había sido maestro de escuela. Nunca asesinó a nadie ni condujo él mismo las torturas. Su letra ornamentada, cuidadosa, se encuentra en todos los documentos de S-21  al lado de los informes que los interrogadores le presentaban por prisionero. Escribía cosas como “aumentar la tortura” y recomendaciones de cómo se debía hacer. Vivía en S-21 con su familia y dicen que nunca salía. ¿A dónde iba a salir si Phnom Penh era un cementerio, desolado e inhóspito? Cuando los jemeres rojos se tomaron a Phnom Penh en abril de 1975 la ciudad, mal que bien, tenía dos millones de personas, una gran mayoría de ellos eran refugiados. Cuando Phnom Penh volvió a caer en octubre de 1979, esta vez a manos de los vietnamitas, no encontraron a nadie. Entonces Duch desapareció. No estaba en el penal y sus últimas órdenes fue asesinar a los últimos prisioneros. Su ubicación fue un misterio que creó miles de versiones y mitos. No figuraba en las filas de los jemeres rojos que combatían a los vietnamitas. Se había borrado de la faz de la tierra, como si nunca hubiera existido y muchos pensaron que estaba muerto hasta que un periodista, sin saber quién era, le preguntó por la vida en Camboya durante el regimen, como todavía tantos periodistas preguntan a cualquiera en la calle. Esto era en Battambang y ¡sorpresa! el señor sonriente y tan educado le dijo que él era Duch, el famoso director del centro de torturas. Al otro día la policía de Hun Sen lo capturó y lo llevó a Phnom Penh con el pequeño detalle de que no se apuraron a hacerle un juicio con todas las de la ley.

Chum Mey, uno de los pocos sobrevivientes de Tuol Slang, fue llamado a comparecer en el Tribunal. A sólo tres metros del hombre que ordenó sus torturas como la de arrancarle las uñas, someterlo a choques eléctricos. “Nunca miré a mis torturadores al rostro por miedo”, dijo “pero ya no tengo miedo”. Otros sobrevivientes miraron a Duch al rostro y no ocultaron su enojo como el de Thida Mam quien escribió “destruirte no es una pérdida” parodiando una de las frases regulares de S-21. Otro, Oum Pom, gritó “¿Por qué estamos aquí sentados teniendo una discusión? ¡Él mató a mi pueblo, a mi familia”.

En una entrevista concedida a The Cambodia Daily, el co-fiscal Robert Petit dijo:

“Sólo puedo estar muy contento de que los camboyanos finalmente tienen la posibilidad de ver justicia puesta en público y de modo transparente. Me siento honorado de ser parte de esto”, dijo.

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