Juicio a director de S-21


Duch en el Tribunal de Camboya con sus dos abogados, el francés François Roux y el camboyano Kar Savuth. Foto Chor Sokounthea/AFP/Getty Images.

Duch en el Tribunal de Camboya con sus dos abogados, el francés François Roux y el camboyano Kar Savuth. Foto Chor Sokounthea/AFP/Getty Images.

Por qué es importante un juicio a Kang Guekauv

Sihanoukville | CamEs. Para muchos camboyanos que vieron por televisión las escenas de la primera audiencia del juicio a Kang Guekauv, conocido dentro de los jemeres rojos como Duch, se quedó grabado la expresión “Somtou” repetida varias veces que traduce “lo siento, lo siento. Ese detalle trae a colasión una multitud de aspectos que van de lo político a lo religioso, de lo cultural a lo histórico… Pero en especial hace tambalear a la razón: se trata del juzgar a un anciano que pide perdón y reconoce sus crimenes por las acciones de su juventud en la cual fue uno de los moustros humanos del siglo XX. Pero ¿por qué importa tanto este juicio?

500 personas llenaron la sala de audiencia del tribunal internacional que se encargará de hacer justicia después de 30 años de impunidad en uno de los crímenes en contra de la humanidad más espeluznantes del siglo pasado. Los jueces extranjeros que hacen parte del juicio, dijeron a la prensa que se trata de la sala penal más grande del mundo.

El 2009 comenzó con dos fechas históricas para Camboya: el 7 de enero se cumplió el XXX aniversario de la caída del régimen sanguinario de Pol Pot y los jemeres rojos. Un mes después, el 17 de febrero, se abrió por vez primera un juicio legal en contra de uno de ellos.

Lo siento, lo siento mucho

Eran las 8 y media de la mañana del lunes en una Phnom Penh que ya poco tiene que ver con aquella desolada de hace 30 años que ocuparon sin resistencia las tropas vietnamitas. La Phnom Penh que quiere ser moderna se centraba en la figura de un anciano frágil de 66 años, escoltado y dentro de un coche a prueba de balas. Se trataba de Kang Guekauv, al que todos llaman simplemente Duch, un nombre sin ningún significado preciso.

La primera audiencia, más de carácter protocolario, tardó cinco horas, tiempo en el cual Duch permaneció la mayor parte del tiempo en silencio y atento, con audífonos que presionaba contra sus oidos para entender la traducción simultánea que le hacían al camboyano de intervenciones en francés o en inglés.

En una de sus intervenciones, Duch pidió perdón por sus actos. Ya lo había hecho en 2007 cuando fue llevado al Museo del Genocidio de Camboya, el Tuol Sleng en donde estuvo cuatro años como director de un infierno indescriptible.

Un juicio histórico

El juicio a Kang Guekauv marca historia no sólo para Camboya sino para el mundo. Son muchas las razones para ello.

No es usual por ejemplo que un líder político acusado de crímenes de guerra tan atroces, se ponga enteramente en las manos de la justicia y pida perdón por sus actos. En el caso de Duch, no nos encontramos ya frente al soberbio criminal genocida o de guerra que intenta por todos los medios de la retórica sostener una inocencia que se estrella contra toda evidencia. Esto hace ya que el juicio sea muy fácil y que se siembre una piedra para una auténtica reconciliación.

Lo otro es que Duch, contrario a los demás líderes a ser juzgados (Khieu Samphan, Ieng Sary, Ieng Thirith y Nuon Chea), lo será por crímenes concretos: tendrá que responder por la vida de 14 mil personas que pasaron por la prisión, personas concretas, con nombres bien registrados. Duch, contrario a los demás, era un subalterno del régimen. Duch, contrario a los demás, ha reconocido sus crímenes y está dispuesto a testimoniar en contra de los otros. Eso es ya una gran diferencia.

Los otros en cambio están en posición más complicada. Eran la máxima cúpula del régimen y como tal, tienen que responder no por 14 mil personas, sino por un millón 700 mil personas que desaparecieron entre 1975 y 1979. Como su responsabilidad se diluye en un diámetro tan ámplio, es por eso que el juicio a Duch es de gran importancia, porque la existencia de S-21, negada en repetidas ocasiones por Pol Pot como una tetra de los vietnamitas contra su nombre, es la mayor evidencia de los crímenes de guerra.

Será pues más difícil que Ieng Sary, por ejemplo, diga que no tenía conocimiento de la existencia de S-21 y en consecuencia de las ejecusiones sumarias y torturas.

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