Desde Sapa (cuarto día)


Sapa, Vietnam. Bien, me encuentro en la sala de Internet del hotel Sapa Global y aquí doy un reporte de lo que ha sido nuestro viaje por el norte de Vietnam esta semana. Uno de los sitios para visitar desde Hanoi es Sapa, un pueblo en las montañas del norte, ya en los límites con China. Organizar el tour desde el hotel en que usted se encuentre en Hanoi es la mejor idea y en realidad es algo de disfrutar.

El segundo día en Hanoi fue más bien normal. Como he dicho, es una ciudad del comercio, más que del turismo en sí, pero se puede disfrutar como quiera la vista del lago. Según el tour que contratamos a Sapa, salimos en tren desde Hanoi el domingo por la noche.

El tren es en verdad cómodo, con cabinas con espacio para dormir. Como éramos cuatro, pudimos dormir como lirones las ocho horas que tardó el viaje: salió el tren a eso de las ocho y pasadas las cinco de la mañana del lunes llegamos a la estación de Lao Cai. La gran cantidad de turistas ya dice que el lugar es uno de esos que no podrían faltar si vienes a Hanoi.

De Lao Cai a Sapa

Pero el viaje no termina en Lao Cai. De allí te llevan en un microbus a Sapa y entonces comienzas un real ascenso a las montañas. Un sorprendente parecido a los Andes colombianos, con sus riscos, picachos y la carretera serpentina. Claro que en vez de plantaciones de café y palmares, se ven las terrazas de los arrozales… sí, terrazas, el principal atractivo de aquel expléndido lugar. Porque cultivan arroz en las montañas mismas. Como sabemos, el arroz requiere de pantanales y pues estos mejor si son en terreno plano y llanuras así como las de Camboya. Para remediar esto, los lugareños han construido terrazas en las lomas de los montes, escalonando el terreno de manera que los pantanos se preparan para darle vida a los arrozales de la región. ¡Qué bueno sería verlos desde un avión! Se ven como círculos que rodean los montes. Es lo mismo que se hace también en las montañas del norte de Filipinas (Baglio) o en Perú y Bolivia.

Sapa es un pueblo no tan provinciano como se imaginaría uno, con chozas mal dispersas. Por el contrario, se ve tan moderno y a la vez tan típico, que es una maravilla para los ojos. Completamente construido sobre la cúspide de la sierra, con tejares coloridos e incluso una iglesia católica. Pero mi primera sorpresa ha sido su gente. Algo para los estudiosos de antropología: los lugareños tienen un parecido sorprendente con los bolivianos, por sus maneras de vestir y sus rostros. Se diferencian bastante de los vietnamitas. Es como si uno estuviera en un pueblo andino de Bolivia. Si alguno de nuestros amigos bolivianos viera a Sapa, seguramente estaría de acuerdo.

Hablan un dialecto que me pareció mucho más fácil de pronunciar que el vietnamita. Son en realidad varias tribus, las que más he podido apreciar son los thai y los mong.

Caminata

La llegada al hotel es más bien protocolaria para tomar el desayuno, porque después se comienza la caminata por la región que incluye una noche en las aldeas. Te dan un/una guía que es una persona joven de las tribus, vestido o vestida casi siempre con los trajes típicos. La mayoría de los guías son mujeres y hablan inglés con tanta facilidad que el problema de comunicación está salvado.

Tuvimos un amor de guía, una mujer de 23 años de nombre Lan (después agrego más datos de ella por si la quieren contactar, pues es completamente recomendable: conoce bien la región, habla bien el inglés e incluso algunas cosas de español y una excelente caminante). Salimos con Lan del Sapa Global Hotel a las nueve de la mañana. Bueno, algo que creo sea común al conocer países como Vietnam o Camboya o India: los infaltables vendedores. Una tropa de mujeres vestidas con sus atuendos tradicionales y muchas de ellas con sus bebés a la espalda, te siguen todo el tiempo ofreciendo sus manualidades. Tienen telas y joyas que son bonitas y representativas, pero el problema es que siempre estarán lo suficientemente cerca para ver qué pueden vender con su típida frase “pay for me“. Lo mejor es ser amables y muy pacientes y decirles siempre que no, si no estás interesado en sus compras. No recomiendo decir “mañana te compro” o después, pues se lo toman literal… mejor decir No, francamente.

Sapa es un pueblo de aspecto moderno. Tiene una iglesia católica con una bella historia escrita en inglés en el atrio. Como está sobre las montañas, la carretera desciende el valle hacia las plantaciones de arroz. Desde entonces los amantes de la fotografía no tienen descanso ante la maravilla del paisaje.

Dentro de los cultivos

Varios kilómetros abajo se abandona la carretera y se interna la excursión por entre los caminos de vereda, entre plantaciones de arroz y bosques. La vegetación es tropical de montaña con pinares, bambucos y una gran variedad de plantas y pájaros. No faltan las mariposas. Entre los animales domésticos, el buey de agua es el rey, el cual es utilizado para arar los pantanos de las azoteas y preparar así el cultivo del arroz.

Las casas de las tribus no tienen arquitectura definida como en otras poblaciones. Son casas rústicas, de madera, sin ningún llamativo especial y hechas para campesinos y sus faenas. Aunque en principio los vestidos de las mujeres me parecieron una especie de montaje teatral para turistas, pude observar algunos campesinos que incluso en arar la tierra utilizan las telas características.

Al fondo del valle se encuentra el río que recibe muchos afluentes de las distintas laderas de la sierra. Numerosos puentes colgantes lo cruzan.

Turistas

No se trata de conocer solo el pueblo que se visita. Por lo general termina uno en relación con personas de otras naciones y ello también es parte del viaje y le da riqueza. Quien hace amigos en donde llega, bebe del alma del lugar. Aquí una lista de las personas que conocimos en nuestro viaje a Sapa:

Primero encontramos dos caballeros finlandeses. Para mí fue la primera vez que hiciera amistad con personas de ese país que, dicho sea de paso, nos parece algo distante y extraño. Con ellos conocimos que en Finlandia la población es de 5 millones de habitantes, demasiado poca en un país que tiene el tamaño de Alemania. También que el invierno puede resultar deprimente, pues casi siempr es oscuro, así como en verano es de día siempre. Hablamos mucho de la necesidad que tiene el planeta de cuidar de la ecología, pues en un país como Finlandia el problema del calentamiento global se siente de manera más notable que en otras partes del mundo.

También conocimos dos amigas, una de Nueva Zelandia y la otra de Inglaterra y un grupo de españoles. Además de estos, con los cuales hicimos una gran amistad, había gente de Australia, Francia, Italia, Sur Corea, Japón, China, Tailandia y muchos más.

El estadero

Para la noche fuimos a un estadero en medio de la vereda construido para turistas. Es una casa de madera, con ático y muy bien cuidada por la misma comunidad. Los guías cocinan y la cena servida en una mesa frente a la casa, se hace un momento especial que termina con la bebida del “agua de la felicidad”, como la llaman ellos (“happy water”). Es un lícor destilado en la vereda, de color transparente, fermento de arroz y que, sin ser muy fuerte, siempre tiene su nível de alcohol.

Después el silencio cae sobre la casa en donde duermen los caminantes por las veredas arroceras de Sapa.

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