Otra de esas historias camboyanas que conmueven


Yo espero poder publicar pronto mis crónicas de Camboya, porque es un país que mueve y conmueve. Pero ahora yo creo que medio país está pendiente de una historia de novela en donde se mezcla la tragedia y la felicidad. Se trata de un oficial de la marina estadounidense cuyo buque, el US Mustin, del cual es nada más ni nada menos que el comandante, pues resulta que es camboyano de pura sangre.

Pero la historia no termina en eso. Ya me imagino a Rathy Panh, el glorificado director de cine camboyano, buscándolo para comprarle los derechos de la historia. Su nombre, bastante poco común para un jemer, revela un pasado ya en sí confuso: Michael Vannak Khem Misiewicz. El Michael es sin duda inglés y el último nombre, que se supone sea el apellido, es ruso. Camboya sí es el Vannak Khmer que seguro debe estar mencionando con bastante orgullo estos días.

Ha salido en los principales diarios de Camboya e incluso en algunos de Estados Unidos y ahora lo menciono yo en castellano. Estos días me llamó un marino a preguntarme por ceremonias religiosas en inglés y su apellido era el mismo que el mío, así que espero que los miembros de la embarcación puedan leer este artículo.

La historia es tan simple como una telenovela mexicana: era Phnom Penh, abril de 1975, los jemeres rojos estaban a las puertas y la embajada estadounidense se preparaba para evacuar el lugar. Una señora que trabajaba en la embajada en servicios domésticos, Samrith Sokha, que ahora tiene 72 años, seguramente no era de esas personas a las cuales el Departamento de Estado querría ‘salvar’ de la hecatombe humanitaria que se cernía sobre la historia de Camboya. Pero la señora llegó con un bebé y se lo entregó a uno de los funcionarios de la embajada. Le dijo que era su sobrino y que si se lo llevaba, lo podría salvar de la muerte.

El funcionario se llevó al bebé que llegó a ser oficial de la armada de los Estados Unidos. Su familia le perdió el rastro. Su padre fue asesinado por el regimen de Pol Pot, así que nunca lo conoció. La familia pudo escapar por su lado y terminó también en los Estados Unidos. Buscaron al niño por años, especialmente su hermano mayor. Por fin dieron con él, cuando ya era un hombre.

El reencuentro de Vannak Khem con su familia tiene cautivado a los camboyanos y a mí esta semana, cuando su buque está atracado en las aguas de Sihanoukville. Más por investigar y escribir, antes que Bophaná con su hambre de dólares, vendiendo historias como estas, se la lleve y la dañe en una película a la que le ponga el nombre de ´El Michael Frank de Camboya´.

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