Ataques de ácido: una ley lenta para un drama rápido


Han sido años de espera para que se fortalezca una ley que permita poner freno a un crimen cobarde y cruel en Camboya: los ataques de ácido. Se han centrado especialmente en Phnom Penh y ha sido tal la cantidad de víctimas que incluso se tuvo que crear una organización para reunirlos y ayudarles no sólo a superar su tragedia personal, sino intentar llamar la atención sobre el delito. La organización de caridad para las víctimas de ataques de ácido, CASC por su abreviación en inglés,​ reporta que desde 1985 al presente se han registrado 276 ataques de ácido en 21 provincias en las cuales se han producido 331 víctimas, de las cuales el 51,1 por ciento han sido mujeres y el 9.6 por ciento han sido niños menores de 13 años. Se espera esta semana que por fin pase la ley que endurezca las penas y limite la distribución de ácidos.

Las razones son en su mayoría pasionales: mujeres celosas de sus maridos que deciden desfigurar a quienes sospechan ser sus amantes, venganzas personales, un hombre rechazado por una mujer, entonces decide desfigurarla y cosas por el estilo.

Pero el crimen es más dramático que la destrucción del rostro de la víctima en un país en donde tener un rostro es tan importante. La víctima sufre posteriormente el aislamiento social. La sospecha de que fue víctima de un ataque ácido por alguna razón moral, juega a la hora de juzgar su condición. Pierden por lo general su empleo y terminan encerrados en sus casas sin mayores posibilidades. Muchas de las víctimas pierden por ejemplo la visión.

A las víctimas sólo les queda la caridad y, por fortuna, una organización como CASC ha sido vital para su atención y rehabilitación. Pero también es necesario detener el mal de raíz. Entre enero y junio de este año, CASC registró seis ataques de ácido y tres accidentes con ácido que produjeron 15 víctimas (10 varones y 5 mujeres).

La prevención es pues la mejor manera de reducir este tipo de violencia y el peligro de los accidentes. En este caso, la ley debe obrar de tal manera que los criminales que atacan con ácido reciban todo el peso de la ley y la gente comprenda de una vez por todas que un ataque con ácido es tan serio como un homicidio. Por otra parte, se debe restringir al máximo la distribución de ácidos e incrementar una conciencia de prevención de accidentes.

Esta semana se espera pues que el Consejo de Ministros ponga en rigor una ley que tiene 27 artículos en seis capítulos que determina que un criminal que ataque con ácido podrá ser sentenciado a un término mínimo de 15 años en prisión o incluso a cadena perpetua.

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