Muere el pintor de Tuol Sleng


Phnom Penh. La muerte sorprendió al principio de esta semana al célebre pintor camboyano, Vann Nath, de 65 años, quien era uno de los pocos sobrevivientes del cruel centro de torturas de los jemeres rojos conocido como S-21, Tuol Sleng o Santibal. Vann Nath se había dedicado a pintar las escenas que testimonió en sus meses como prisionero de los jemeres rojos y sus obras se convirtieron en un icono de la crueldad del régimen extremista que hizo desparecer a un millón 700 mil personas entre 1975 y 1979. Su profesión de artista le salvó la vida, pues Duch, el director del centro de torturas y ejecuciones, ordenó por escrito que lo preservaran para que pudiera pintar a los líderes del régimen. Una de las obras es precisamente un retrato de Pol Pot, joven y sonriente, sentado sobre una colina que después de la caída del regimen Vann Nath repintó reemplazando la colina por un montículo de cráneos.

Vann Nath fue detenido en 1978, durante los últimos meses del régimen, antes de que Vietnam y las fuerzas de liberación camboyanas que se opusieron a Pol Pot, comenzaran una invasión al país en enero de 1979. Cuando los soldados vietnamitas llegaron al centro de tortura, encontraron los cadáveres recién asesinados de los últimos prisioneros. Sólo siete adultos se salvaron de las ejecuciones apresuradas ordenadas por Duch antes de escapar con su familia del lugar. Posteriormente se revelaría que un grupo de niños se salvaron también al ocultarse entre montículos de ropa.

Vann Nath pudo presenciar como el Tribunal ONU-Camboyano para el proceso a los máximos dirigentes sobrevivientes del régimen y los más responsables de crímenes atroces, sentenciaran a Duch, el ex-director de Tuol Sleng y quien ordenó a Vann Nath pintar el rostro de los líderes de los jemeres rojos con actitud positiva y alegre, a 35 años de prisión el pasado mes de julio, aunque la sentencia fue reducida considerablemente por su colaboración y por su estadía en una prisión militar por 10 años sin proceso.

El pintor de la tragedia camboyana durante el régimen establecido por Pol Pot, un hombre que soñó una utopía comunista totalitaria bajo el lema de una nueva Camboya, participó en el documental del director camboyano Rithy Panh, ‘S-21: La máquina de matar de los jemeres rojos’ (2002) y la cual ganó varios premios internacionales como video-documental destacado. En la producción, Vann Nath entabla un diálogo con los antiguos carceleros de Tuol Sleng, los mismos que vigilaban la prisión, torturaban y ejecutaban prisioneros. El pintor les pregunta una y otra vez las razones por las cuales nunca mostraron piedad para con personas acusadas la mayoría de las veces por razones inauditas o por la retención de niños, a lo que los ex-guardias, que para la época eran casi todos adolescentes o jóvenes, no saben responder o dicen que debían hacerlo por su propia supervivencia.

Sus últimos años los vivió en su casa en Phnom Penh, dedicado a su familia y asediado por periodistas que querían conocer una de las pocas víctimas sobrevivientes del infame centro de torturas y que además conoció de cerca a Duch. Cobraba por entrevistas 100 dólares como mínimo, pero su deteriorada salud le hizo poco a poco reducir encuentros y visitas a la vieja prisión, convertida hoy en Museo del Genocidio y centro del turismo del macabro en la capital.

La otra víctima sobreviviente de S-21 cuyo nombre es célebre y que también participó en el documental de Rithy Pahn es el señor Bou Meng. Mucho más sociable que Vann Nath, Bou Meng no sólo concede entrevistas por 100 dólares a todos, sino que hace de guía dentro de la misma prisión en donde explica los lugares en los que estuvo, las maneras en que fue torturado y los personajes que conoció, lo que incluye regulares momentos de llanto, tal cual en el documental de Panh. El jueves pasado Bou Meng habló en la radio nacional de Vann Nath desde el Museo Tuol Sleng. Aseguró que ambos eran como hermanos y que con frecuencia se encontraban para cenar. Lamentó también la lentitud del tribunal que no permitió que Vann Nath pudiera disfrutar de un veredicto de acusación contra los responsables intelectuales de la devastación del país.

Durante el testimonio que Vann Nath dio al Tribunal en 2009, uno de los jueces le preguntó cuál era su mayor deseo en el proceso que se le seguía a Duch. El pintor respondió que sólo esperaba la oportunidad de recontar los horrores que el conflicto de los jemeres rojos había ocasionado al país y que estar en ese tribunal en ese momento era para él todo un honor y un privilegio. Además quería justicia para los que habían sido asesinados y que al final del tribunal, hubiese una justicia visible para todos.

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