Sobre la represión de la huelga


Algunas imágenes de la represión a obreros y a seguidores de la oposición y un lema que ironiza el aniversario del día de la liberación, 7 de enero, en el cual Camboya recuerda cuando tropas vietnamitas y desertores de los jemeres rojos se tomaron al país y derrocaron a Pol Pot. La leyenda dice: "Un 7 de enero, día de la liberación, vivido de esta manera".

Algunas imágenes de la represión a obreros y a seguidores de la oposición y un lema que ironiza el aniversario del día de la liberación, 7 de enero, en el cual Camboya recuerda cuando tropas vietnamitas y desertores de los jemeres rojos se tomaron al país y derrocaron a Pol Pot. La leyenda dice: “Un 7 de enero, día de la liberación, vivido de esta manera”.​ Foto cortesía anónimo publicada en Facebook.

Phnom Penh. La capital vive una calma general este viernes, ocho días después de que las fuerzas de seguridad llevaran a cabo una represión violenta de la huelga nacional de obreros que había iniciado el pasado 24 de diciembre. El viernes 3 de enero a las 9 y 30 de la mañana, miembros de la policía y grupos élites de seguridad, reaccionaron violentamente ante numerosos manifestantes en la zona industrial Canadia, sur de la ciudad. Si bien fuentes oficiales y grupos industriales aseguran que la policía fue desafiada por obreros armados con palos, piedras y bombas molotov, el alto comisionado para los derechos humanos de las Naciones Unidas, Rupert Colville, condenó la acción de las fuerzas de seguridad llamándola desproporcionada y exigiendo una investigación de los hechos que causaron cinco muertos y numerosos heridos. 

Las redes sociales en Camboya se inundaron de fotos y vídeos de obreros heridos o atacados por miembros de la policía fuertemente armados, cubiertas sus cabezas con cascos de seguridad y que caminaban de manera desafiante y golpeando a todo aquel que se atravesara en el camino de la calle industrial Veng Sreng.

También pueden verse miembros de seguridad vestidos de civil y distinguidos por escarapelas que llevan consigo garrotes con los que golpean a quien cae en su poder.

La jornada en contra de los manifestantes se adelantó todo el viernes hasta altas horas de la noche con el propósito de vaciar el área de obreros en huelga y muchos de ellos reaccionaron también de manera violenta, pero fueron pronto diezmados por las fuerzas de seguridad, las cuales retuvieron a varios de ellos y los ataron por tierra.

Industriales y miembros del gobierno defendieron la acción como legítima y dieron la responsabilidad a los mismos obreros a los que acusan de ser los provocadores de la violencia.  Para Ken Loo, secretario general de la Asociación de Fabricantes Textiles en Camboya, la violencia comenzó porque “los protestantes no obedecieron a las advertencias verbales y después comenzaron actividades violentas que incluyeron ataques a las autoridades y la destrucción de la propiedad privada” (Rodas, 2014, para. 7).

El sábado fue el turno para la protesta permanente que el partido de la oposición liderada por Sam  Rainsy llevaba a cabo en el Parque de la Libertad.  Las autoridades protagonizaron una auténtica toma militar del área, destruyendo un altar que los seguidores de la Oposición habían hecho como homenaje a las víctimas mortales en el Parque Industrial Canadia y violentando y reteniendo a todo el que se negara a abandonar el parque, incluidos monjes budistas. A numerosos periodistas y representantes de organizaciones de derechos humanos les fue impedido el acceso al parque.

El lunes las fábricas reanudaron actividades con un 60% de los obreros, según reportó Ken Loo, pero el martes la zona industrial Manhattan, uno de los principales ejes textiles en la provincia de Kompung Speu, despidió a 200 trabajadores al acusarlos de participar en las protestas y de daños a la propiedad, mientras demandó ante las cortes a otros tantos.

Los obreros exigen un alza del salario mínimo camboyano a 160 dólares, mientras que el gobierno aceptó un alza a 90 dólares inicialmente y después a 100, por lo que las centrales obreras decidieron continuar en paro.

Por su parte, 23 personas fueron retenidas durante la represión y su paradero fue reservado por las autoridades hasta el miércoles pasado en el cual se reveló que fueron internadas en una prisión de máxima seguridad, CC3, en la Provincia de Kompung Cham, un lugar destinado para personas con crímenes graves. Las organizaciones de derechos humanos como Licadho exigieron que dichas personas sean liberadas lo más pronto posible por considerar que son protestantes pacifistas y que se les garantice el derecho a tratamiento médico, alimentación y comunicación con sus familiares. (Licadho, 2014, para. 1) Entre los retenidos se encuentran líderes sindicales, un líder de las familias desalojadas del lago Boeung Kak y un menor de edad.

La Corte Municipal de Phnom Penh, de otro lado, llamó a indagatoria a los dos principales líderes de la oposición, Sam Rainsy y Kem Sokkhá, que deberían presentarse el 14 de enero bajo cargos tales como “incitación a provocar actos criminales y disturbios sociales. No es todavía claro si los dos líderes políticos se presentarían a dicha cita que muchos ven como una manipulación de la justicia para acallar a la oposición.  Rainsy además aseguró este jueves que el número de obreros muertos habían sido seis y no cinco como aseguran diferentes organizaciones de derechos humanos, porque, según él, dichas organizaciones contaron los cadáveres que estaban en la morgue, mientras que el sexto cadáver nunca fue llevado a un hospital.

Numerosos rumores aseguran que los muertos fueron más, pero hasta el momento no existe ninguna evidencia de dichos hechos. Lo cierto es que a pesar de la represión de manifestantes, la popularidad del gobierno se ha visto afectada seriamente no sólo dentro del país, sino que diferentes grupos internacionales, entre ellos grupos industriales que compran textiles camboyanos, han mostrado su preocupación por dichos eventos y han condenado las acciones de las autoridades, mientras que la crisis política que inició el 28 de julio pasado aún no cesa en la cual una oposición fortalecida por numerosos votos no quiere reconocer los resultados que dieron por ganador al parido de gobierno que va para tres décadas en el poder.

A pesar de la situación, existe un parte de normalidad en todo el país.

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