Somaly Mam, una costosa lección para benefactores y medios


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Somaly Mam, nacida en 1970 en Mondolkirí. Foto Commons Wikimedia (2013).

El gran caso de junio en Camboya se llama Somaly Mam y seguro en España no se requiere hacer una gran explicación de quién es ella, porque dicho país tiene mucho que ver con uno de los casos de engaño público más célebres de los últimos años. Algo así como una Tania Head (Alicia Esteve), quien se hizo pasar por años como víctima de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York.  Al igual que Esteve, Somaly se convirtió en una estrella de los medios y las obras de beneficencia y no de cualquier medio ni cualquier obra de beneficencia, se trató de medios del porte del New York Times con premios Pulitzer como el reportero Nicholas Kristof, dos figuras fuertes de Facebook, Brandee Barker y Sheryl Sandberg, la Reina Sofía de España, la Secretaria de Estado Hillary Clinton y varias estrellas de Hollywood.  Es decir, de la inmensa cantidad de mendigos con historias fantasiosas que hay en Camboya, Somaly Mam le ganó a todos con luces, cámaras y acción… o acciones, representadas éstas en millones de euros que cayeron como el monsoon en su cartera.  

En España una organización como Anesvad le creyó. Para dicha entidad cuya misión es la promoción de la salud, la ONG de Somaly Mam era una “organización experta” en el tema de la lucha en contra de la explotación sexual:

AFESIP lleva a cabo el trabajo integral más importante contra la explotación sexual en Camboya; su presidenta, Somaly Mam, fue Premio Príncipe de Asturias en 1998″ (Mundo Solidario, 2014, para. 6)

En efecto, haber recibido el Premio Príncipe de Asturias no es cualquier cosa. A ésto se le suman los siguientes reconocimientos internacionales:

  • Héroe de CNN (2006).
  • Glamour Woman (2006).
  • Llevar la llama olímpica durante la apertura de los juegos de invierno de Turín (2006).
  • Recibió el Honoris Causa como “doctor en servicios públicos” de la Universidad jesuita Regis de Estados Unidos (2010)… Toda una universidad, un centro académico y de investigación, que se dejó engañar como si fuera un jardín de críos. y, además de jesuitas, religiosos célebres por ser estrictos en temas como estos.
  • El Departamento de Estado de los Estados Unidos le dio un premio como “héroe en contra del tráfico humano”.
  • Suecia le dio el premio de los niños del mundo por los derechos del niño (2008).
  • Roland Berger Foundation tuve el infortunio de seleccionar a Somaly Mam como la primera a recibir el reconocimiento “Roland Berger”… – comenzaron con el pie izquierdo. Dicen en su página sobre el evento en 2011 que Somaly Mam “está orgullosa del hecho que ella puede usar los fondos ganados para dotar a sus niñas de una buena educación y por ende de una vida con dignidad” y concluye quien escribió eso que “una de las jóvenes recientemente se graduó de su bachillerato y piensa estudiar leyes”… Una?
  • La prestigiosa revista Times la declaró una de las 100 personas más influyentes del mundo al lado de la actriz Angelina Jolie (2009). Influyente sí es, pero debería hacer películas como Angelina.
  • Después The Guardian, otro periódico con un gran perfil periodístico, la puso en una lista de 100 mujeres destacadas como activistas (2011).
  • También The Daily Beast como mujer destacada (2011).
  • Recibe el premio italiano “Mimosa D’Oro” que es concedido a aquellas mujeres que contribuyen al campo social, político, laboral y cultural.
  • Premio Festival du Scoop en Francia.
  • La revista Glamour la declara la mujer del año 2006.
  • Por último, España le da el Excmo Ayuntaniento de Galdar Concejalia de Servicio Sociale.

Con todos estos abolengos modernos ¿quién no le cree?

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Nicholas Kristof, dos veces Premio Pulitzer, comienza a reportar sobre Somaly Mam y sus muchachas hasta el 2012. ¨Era mi héroe”, dijo recientemente en una de sus columnas del New York Times. Kristof también hubo seguido con especial atención las fábulas de otro impostor de la filantropía, Greg Morton, que atrajo la atención del público estadounidense al asegurar que construía escuelas en Afganistán. Foto Commons Wikipedia (2010).

Mientras ella se regodeaba en todas estas cortes de la modernidad, algunas organizaciones en Camboya, no tan rimbombantes pero efectivas, hacían esfuerzos por obtener algún euro o medio dolar para sus programas simples. Hace poco me escribió por Twitter el director de una organización que respalda a niños de condiciones miserables que era muy difícil encontrar financiamiento. Por otro lado, la directora de un orfanato de esos a carta cabal, me decía que no tenía que inventar historias como Somaly Mam, pero que los casos que conocía los prefería conservar en respeto mismo de sus niños.

Con este cuadro se llega a la conclusión que muchos de estos benefactores sólo quieren oír historias y no apoyar procesos, que es lo que he insistido desde siempre.

Historias como la de Somaly Mam, una mujer camboyana como todas que un día se inventó una historia: que había sido una víctima del trato de blancas o de la esclavitud sexual en Camboya. Escribió un libro sobre ello y atrajo a la prensa internacional dispuesta a reproducir su leyenda.

El periodista Simon Marks, quien trabajó primero para The Cambodia Daily y después para Newswekly, no hizo parte del “equipo de relaciones públicas” de Somaly Mam encabezado por el periodista Nicholas Kristof, quien ya había tenido un problema de credibilidad con otro falso filántropo estadounidense, Greg Morton, quien se inventó la leyenda que había construido escuelas en Afganistán. Kristof había llegado a decir de Morton que era una de las personas que más admiraba, lo mismo que dijo de Somaly Mam, que era su héroe. Kristof recibió dos premios Pulitzer, que es como los premios Oscar del periodismo estadounidense. Marks, en cambio, hizo lo que todo buen periodista debe hacer: corroborar las fuentes de tan espectacular historia: la de una ex-esclava sexual, como se presentaba a sí mismo la estrella que el mundo había elegido para combatir el tráfico humano. En sus diferentes artículos Marks comienza a sembrar las dudas sobre la Mimosa d’Oro. En su artículo “Somaly Mam: la santa (y pecadora) del tráfico sexual“, Marks desenmascara la charada.

Kristof, dos veces Pulitzer, y muchos otros reporteros y medios, pasarán a la historia del periodismo sobre lo que un buen periodista no debe hacer: convertirse en un idiota útil. El periodismo no escribe para el sensacionalismo, sino para la búsqueda de la verdad. Es cierto que los medios deben unirse a campañas mundiales como el combate del tráfico humano, la esclavitud del mundo de hoy. Pero justamente como es un tema tan delicado, requiere de la identidad plena del periodismo, en el cual el escepticismo es una virtud y comprobar las fuentes un deber.

La otra enseñanza es la necesidad de resaltar procesos por encima de personajes por más heroicos que éstos se presenten. Estudiar personajes de la talla de la Madre Teresa de Calcuta da una idea de lo que quiero decir: una mujer muy simple que nunca se pone en pantalla, sino que siempre muestra el proceso, lo que se está haciendo por los demás, no por ella. No hay afán de protagonismo.

En Camboya existen muchas organizaciones silenciosas y que con gran esfuerzo hacen una labor de campaña en la erradicación de males como el tráfico humano. Es increíble que todas esas organizaciones que apoyaron la leyenda de Somaly Mam, nunca hubiesen revisado el perfil de la realidad del tráfico humano y hechos como evitar la exposición de las víctimas frente a las cámaras. Si esa es una ley común en cualquier país desarrollado: ¿cuándo habéis visto a una víctima del tráfico humano en vuestros países mostrada en televisión con nombre y rostro? ¿por qué nadie sospechó de esta evidente violación del derecho a la privacidad cuando Somaly Mam presentaba a sus niñas para que hablaran de sus legendarios esclavistas?

Leer también

  • Gonzalo Suárez y David Jiménez (2013). Somaly no quiso ver su abuso. El Mundo, Madrid, 10 de octubre de 2013. Enlace rescatado el 21 de junio de 2014 de http://www.elmundo.es/cronica/2013/11/10/527e836563fd3deb3d8b4578.html
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