Un aniversario infernal


Este fin de semana se terminan las fiestas de año nuevo camboyano y todos se preparan para un nuevo tiempo de lluvias, tan esperado en un país 80 por ciento agrícola. Pero este es también el abril número 40 después de los hechos que abrieron la puerta al infierno en Camboya: el advenimiento del régimen de los jemeres rojos.

Toma de Phnom Penh

Para comprender el desarrollo de eventos tan terribles, es necesario darle siempre un contexto histórico que no es fácil de determinar y que a la vez presenta muchas lagunas, misterios, casos sin resolver, responsables impunes. Una gran cadena de circunstancias históricas le abrió el camino a una guerrilla con una concepción única de la revolución, incomparable con cualquier revolución comunista de cualquier parte del globo.

Toma de Phnom Penh4Se trata de la Guerra Fría, del intervencionismo no sólo de potencias occidentales como Estados Unidos y Europa, sino también de China, Unión Soviética, la misma Vietnam. Camboya quedó en medio de un juego de ruleta en la medida de fuerza de bloques antagonistas.

Los bombardeos secretos ordenados por la administración Nixon al sur de Laos y norte de Camboya con la intención de destruir las rutas por las cuales Vietnam del Norte enviaba ayuda militar al Vietcom, no hizo otra cosa que engrosar a una guerrilla que estaba en vías de extinción, liderada por un grupo de jóvenes intelectuales que nadie conocía y que habían estudiado comunismo y diseñado una sociedad utópica desde Francia en la década de 1950, con Saloth Sar a la cabeza, conocido para siempre como Pol Pot.

La guerrilla avanzaba englobando a la capital de la entonces República de Camboya, un Estado creado por un general, Lon Nol, que traicionó al hombre fuerte, al príncipe Norodom Sihanouk, para aliarse con Vietnam del Sur y los Estados Unidos. Nunca pudo gobernar como quería. Su país, la República camboyana, no era otra cosa que una gran rotonda de tiro al blanco para centenares de bombarderos. No podía salir de Nom Penh sin escolta y era visto por su pueblo con odio, como el hombre que se había atrevido a hacerle jaque al rey. La guerrilla utilizó ese sentimiento popular de lealtad a Sihanouk, el mismo que los había combatido con mayor éxito antes de Lon Nol, para atraerse simpatías del camboyano raso, campesino, rural.

Toma de Phnom Penh3Quien se gane el corazón del campesino camboyano, gana a Camboya, incluso hoy. La fuerza del régimen actual viene del populismo: Hun Sen se siente más en casa en las aldeas que en la ciudad, porque sabe que son los campesinos los que votan por él. Para ello hay que mostrar amor a la monarquía ancestral, la que nos une a los antiguos reyes de Angkor, al amado Nokor, el antiguo reino.

Los jemeres rojos, enemigos de Sihanouk, cambiaron así su discurso para ganarse al campesino en contra de Lon Nol y los Estados Unidos y después en contra de Vietnam. Una estrategia muy comunista que Pol Pot sabía muy bien.

Los Estados Unidos y Vietnam del Norte pactaron el fin de la guerra, después que Nixon viera todo perdido. Muertes de parte y parte y no se llegaba a ningún lado. La presión internacional para que los mariners salieran de Indochina. Abril de 1975 fue la fecha convenida. Centenares de personas salieron de Saigón y Nom Penh a los portaaviones estadounidenses en las aguas del Mar Meridional de China y del Golfo de Tailandia, entre ellos el dictador Lon Nol, que salió con lágrimas en los ojos de su país para no volver nunca. Moriría en Hawaii sin haber conocido el amor de los camboyanos.

Toma de Phnom Penh2Las élites camboyanas, todas reunidas en Nom Penh, parecían ignorantes del pacto entre Washington y Hanoi, del retiro de tropas tanto de Camboya como de Vietnam del Sur. Todos se preparaban, como hoy, a celebrar el año nuevo jemer. Como tripulantes del Titanic, se divertían en los exclusivos centros nocturnos, iban a la piscina, hacían fiestas en las calles, mientras los jemeres rojos avanzaban hacia la que veían como la cabeza de la serpiente de todos los males camboyanos, Nom Penh, la Gran Ramera del Mekón, como la llegó a llamar Pol Pot.  Tenían la idea que los mariners los defendían, que la guerrilla nunca entraría a la ciudad.

Por su parte, muchos que sí sabían del retiro estadounidense, se agolparon en las embajadas occidentales para escapar Camboya. Temían con razón que los jemeres rojos se tomarían el poder en el Estado fallido de Lon Nol y cobrarían caro los años de guerra. Todos hablan con terror de las cosas terribles que hicieron los jemeres rojos, pero todos olvidan que las milicias de Lon Nol no hicieron menos. El odio de los jemeres rojos por las clases altas camboyanas no nació de la noche a la mañana: tuvo tiempo suficiente para cocinarse, para solidificarse y para explotar.

Toma de Phnom Penh5Por fin, el 17 de abril de 1975 marca el fin de la République du Cambodge de Lon Nol, una República que duró 4 años sin gloria, sembrando la tierra de sangre para el ingreso de un terror aún más macabro: la Kampuchea Democrática de Pol Pot, el “defensor del rey”.

Las élites ocupadas en las fiestas del año nuevo jemer no podían creer lo que pasaba aquel 17 de abril. Como los tripulantes felices del Titanic, la nave que no podía hundir “ni siquiera Dios”, las aguas de sangre los rodearon por todas las calles. Niños armados, muchachas de mirada de odio con armas de alto alcance, donación de los chinos, les rompieron la fiesta. El Susadei Chinam Thmey de 1975 no sería de felicidad ni buenos augurios. Era el año chino del conejo que no entraría definitivamente en Camboya, pues es el año de la calma, la composición, la reserva, la elegancia, el arte, el talento, la amistad, la amabilidad y la pasión… todos elementos destruidos por una ideología de odio y extremismo que cerraría las puertas de las religiones, las escuelas, los mercados y, principalmente, las ciudades.

Toma de Phnom Penh6Comenzaría el experimento comunista de Camboya. Ningún país del mundo que haya vivido el comunismo – ni China, ni Cuba ni nadie – vivió este tipo de comunismo, el más extremo, el más absoluto y totalitario, manejado por líderes jóvenes que soñaban el cumplimiento de una utopía que le daba la vuelta al mundo entero, la creación de sociedades agrícolas, la eliminación de las clases sociales de manera absoluta y, las ciudades como la expresión física de dichas clases. Vivir de la naturaleza, utilizar la medicina natural, vestirnos con lo que nosotros mismos hagamos, ser absolutamente sostenibles sin depender de nadie. Por 4 años más Camboya no tendría relaciones internacionales con absolutamente ningún país del mundo, incluidos los comunistas.

Este aniversario sea un llamado de atención para la sociedad camboyana de hoy. Del comunismo extremo, pasamos al capitalismo salvaje. Del intento de eliminar las clases sociales, pasamos a la construcción de una disparidad social chocante con una élite burda en el poder y un campesinado raído. Nom Penh sigue siendo el centro del desarrollo, acaparando todo, absorbiendo, como decía Pol Pot, la sangre del campesino para su propio beneficio. Esas cosas podrían crear las condiciones para una segunda venida de los jemeres rojos si no se curan los males desde la raíz que es luchar contra la pobreza y defender la dignidad de la nación.

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